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Blade Runner 2049: revisitar la humanidad

Por: Sergio Santival



Creo que cuando vimos por primera vez Blade Runner (1982), de Ridley Scott -y aquí me refiero a la versión final-, se nos reveló en la última secuencia del clímax la quintaesencia del filme a manera de duda: ¿qué significa ser humano? La cinta desplegaba la interrogante por aquello que nos diferencia de las máquinas.


En Blade Runner 2049 (2017) a la pregunta se le agrega una negación que la transforma: ¿qué significa no ser humano? La película, dirigida por Denis Villeneuve -uno de los actuales talentos del cine que muestra de forma original historias dentro de la industria del blockbuster-, no necesita recurrir a información de su predecesora (uno de sus mayores méritos en tanto que secuela); expande los horizontes del universo de Blade Runner y ofrece un deleite visual.


La cinta narra la historia de K (Ryan Gosling): un blade runner (androide programado para buscar semejantes que se han rebelado contra sus funciones) que al finalizar una misión encuentra un detalle peculiar en restos enterrados. K deberá resolver el enigma que los envuelve.


Sin entrar en detalles, Denis ha logrado llevar al ámbito de la ciencia ficción, con esta cinta y Arrival (2016), un cine meditativo y sereno a la vez que entretenido y estimulante. En Blade Runner 2049 hay dosis de misterio y suspense que tejen ideas subterráneas dentro del argumento principal y que al final convergen en la pregunta ya mencionada. Así, por ejemplo, los límites de las capacidades robóticas, la conciencia de la máquina sobre su propia condición, el lugar del amor y el deseo en un circuito virtual a la vez que vital y hasta el significado del acto de crear; lo que amplía el universo de Blade Runner, pues se toman las reglas del mundo de aquella primera película y se dilatan sus implicaciones.


Así sucede con la memoria implantada en los androides y con las pruebas que determinan si uno es máquina o no. Todo ello sin que falte acción, empleada en una medida que si bien no logra mantener el equilibrio (por momentos el ritmo de la cinta desacelera sustancialmente) tampoco resulta insuficiente. Por su parte, la fotografía de Roger Deakins -que le valió el Óscar a Mejor Cinematografía en 2018- hace que la cinta de Villeneuve brille visualmente: desde el uso de claroscuros o juegos entre luces neón y texturas desgastadas, hasta planos medios que por más elementos que contengan no propician distracción ni cansancio y wide shots que dan la impresión de que se buscaba un aspecto visual minimalista y fino.


Todo esto nutre y muestra de manera dramática la pregunta del inicio, pues el argumento se mueve constantemente entre lo humano y lo no humano, lo que invita al espectador a meditar sobre sí mismo y repensarse como ente viviente, dinámico, afectivo y erótico que, sin embargo, tiene aún que preguntarse si es eso lo que lo distingue de la máquina o si es algo más. Una agradable película que, en suma, nos lleva a revisitar la humanidad.


Blade Runner 2049 puede verse en streaming en Netflix.



 

agosto 2021

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