Contacto: ciencia, fe, soledad
Por: Sergio Santival
El pasado 2 de julio se celebró el Día del OVNI. Las siglas al final, bien sabemos, responden al acrónimo para “Objeto Volador No Identificado”, y casi siempre son sinónimo de «alienígenas» -palabra cuyo origen etimológico se remonta al griego «alien», que mienta la cualidad de «extraño»-. Entre los distintos sentidos que puede tener celebrar el Día del OVNI, quizá uno de ellos sea el de reconocer y repensar dos preguntas sobre nuestro cosmos: ¿Hay vida inteligente en el espacio exterior? ¿La especie humana está sola en el universo?
En Contacto (Robert Zemeckis, 1997), estos dos cuestionamientos son el eje transversal de la historia. La doctora Ellie Arroway (Jodie Foster) es una astrofísica que dedica su profesión a buscar señales de vida inteligente fuera del planeta Tierra, y un hallazgo la llevará a embarcarse en un viaje personal que implicará a la humanidad en conjunto. Escrita por James V. Hart y Michael Goldenberg, la película dirigida por quien años antes orquestó Forrest Gump y la trilogía de Volver al futuro, entre otros proyectos, se basa en la novela homónima de Carl Sagan -el astrofísico y divulgador científico conocido sobre todo por su trabajo en la serie televisiva Cosmos (1980)- y explora las distintas consecuencias que podrían derivarse de una respuesta dialéctica a las preguntas que enunciamos: ¿Qué pasaría si hubiese o no vida inteligente fuera del planeta Tierra? ¿Qué pasaría si nos diésemos cuenta de que estamos o no solos en el universo?
Tres conceptos fungen como guías para el desarrollo de la historia: ciencia, fe y soledad.
La ciencia es empuñada por la doctora Arroway, así como por su equipo de trabajo y por su «competencia», el doctor David Drumlin (Tom Skerrit). La búsqueda de respuestas en aras de alcanzar la verdad con evidencia empírica se muestra en el personaje que Jodie Foster interpreta y se confronta con su obstinación por intentar encontrar señales de vida extra-terrestre.
La fe, por otro lado, es vertida en Palmer Joss (Matthew McConaughey), un estudiante de teología que ha dejado el camino de la doctrina instituida sin abandonar la religión y que, como espejo invertido de la doctora Arroway, lleva a cabo la búsqueda de la verdad a través del creer. Palmer, quien también es escritor, no reniega de las bases empíricas para alcanzar respuestas, pero cree que la verdad está más allá de eso, por más que no podamos demostrarlo.
Por último: la soledad, concepto al que los dos anteriores -ciencia y fe- están anclados a lo largo de todo el filme -ya desde el inicio, una respuesta a la pregunta que interroga si estamos solos en el universo aparece como clave para todo lo demás: «Si estuviésemos solos, sería un horrible desperdicio de espacio»-. Tanto la doctora Arroway como Palmer Joss quedan fijados en todo momento a un sentimiento de soledad que es explorado tácitamente a través de los diálogos, preguntas y acciones de los personajes. Así, para el final de la cinta, a partir de las preguntas iniciales silenciosamente se señalan otras que quedan abiertas: ¿Por qué nos sentimos solos en el universo? ¿Por qué a veces preguntamos con tanto afán si hay vida inteligente extraterrestre?
El filme de Zemeckis, en este sentido, brilla no tanto por su forma cuanto por su contenido. El ritmo de la cinta es constante y sólo en algunas secuencias pierde ímpetu. La fotografía, aunque no alcanza un alto grado de belleza -configurada a través de la composición del cuadro, el manejo de luz o los movimientos de cámara- que lleve a la contemplación, se nos antoja agradable (eso sí: hay que reconocer el extraordinario pasaje del espejo, en el que confluyen movimiento, tensión y efectos visuales para configurar una secuencia que ciertamente sorprende por su genialidad). Y no está de más decir que el trabajo de todos los actores y las actrices resulta verosímil y cautivador, lo que permite que el espectador se sumerja fácilmente en el filme. Pero la película en verdad atrapa por los temas que plantea y por la manera en que por medio del desarrollo del relato permite que sean comprendidos y sentidos. En última instancia, los tres conceptos que proponemos para interpretar el filme parecen señalarse como elementos de lo que nos constituye como humanidad: ciencia, fe, soledad.
Aunque el Día del OVNI ya pasó, Contacto resulta una pieza genuina para explorar cinematográficamente el tema con más profundidad de la que cotidianamente parece tener, así como para mirar los horizontes que la ciencia ficción puede abrirnos en la pantalla grande sin necesidad de violencia o aparatosos efectos especiales. En suma: una valiosa película serena que sin dejar de entretenernos nos hace preguntar por el universo y por nosotros mismos.
Contacto puede verse en streaming en PrimeVideo.
agosto 2021



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