Espacio de Docunfinados
- 14 ago 2022
- 3 min de lectura
Foto galería de Susana Pedroza
Se cuenta que los extintos ruidos comenzaron a formar parte del limbo que describió nuestra situación. Acá, en la casa del saguán blanco, la vida desapareció por las calles. Vimos la luz del sol, como en bombilla, como una despedida final. Se extraña. Se llora. Se añora.
El confinamiento que nos permitió apreciarnos más allá de nuestra capacidad de pensar, por consiguiente, de crear lo que fuese, con las manos y la mente en la COVID. Con los ojos llenos de lágrimas. Con sentir lo frío del piso recién trapeado, de reposar. Celebrando los cumpleaños en la penumbra. El espacio que nos dió plan para aprender y admirar lo que no mirábamos, de percatarnos de la ausencia de sabor en nuestro desarrollo común. Documentar el confinamiento en el Espacio de Docunfinados.
Docuserie de fotografías registradas durante el confinamiento en Ciudad de México desde abril 2020 a junio 2021.















De las primeras buenas sensaciones es el calor del sol reflejado sobre la piel, en claroscuros de color. La esperanza afloraba con la llegada del verano. Fue imposible salir aún así. Esta foto es el sol a través de un espejo que sólo refleja su luz durante el verano. El fondo fresco de las hojas se mece frente a las ventanas. No hay ruido.






Mi padre nunca dejó de trabajar, incluso durante época del famoso #Quédateencasa en Ciudad de México. Él no pudo hacerlo. Su trabajo no lo permitía. A diario, su historia rutinaria era despertar, trabajar, regresar, bañarse, ver televisión, dormir. Dormir. Dormir en una ciudad que dormía a medias. Una ciudad como sistema parasimpático bajo el yugo del cubrebocas y el alcohol.
Las historias de la Sala de Emergencias en el hospital público en el que trabaja sorprendían nuestra imaginación, nos hacían llorar durante la cena con tristeza o esperanza, incluso de coraje por la calidad de efervescencia en la que se presentó la pandemia.
Mi padre pocas veces habló sobre cómo se sentía, aún estuviera estresado o asustado.

Mi abuela estuvo al cuidado de mi familia. Los adultos mayores y los niños, entre el resto de la población fungieron como los gremios más afectados durante la época del contagio. Mi abuela dejó su trabajo para restar en la quietud de los días con nosotros. A veces, el único ruido en la casa era el del noticiero, como una caja mágica en donde se mira el futuro, el presenta entre algún deseo.


Las fotos que balseaban chuecas hacia abajo, contando la historia de una familia en orden cronológico. Todo afuera de ellas, sigue su curso igual.


Una de las primeras veces que salimos por despensa. El terror de las películas de zombies y asesinos seriales no era comparado con el terror en un día de despensa.



Interlatencias Revista
agosto 2022


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