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Juan Rulfo: el realismo de Mitl Valdez




La mirada de intención realista de Mitl Valdez se ha entregado la visión del pasado lejano -mexicano-, bien conocido por asediar los estragos de la revolución de 1910. Una mirada que evitaba asimilarse a aquellos grandes directores de cine mexicano como Fernando de Fuentes o Ismael Rodríguez, directores que experimentaron con los espacios rurales de una manera alegre y tradicional. Esta visión del primer cine mexicano sonoro en el que la idiosincrasia mexicana se retrataba hacia el mundo, creando una racha positiva y cantora; sin embargo, para Valdez, casi 70 años después de la primera película de De Fuentes y la revolución, el ambiente rural seguía igual. Fuera de los estereotipos creados en el imaginario nacional derivado de la Época de Oro del Cine Mexicano, se interesó por retratar las sobras de la ficción hechas realidad.


Mitl Valdez, de quien principalmente se logran destacar sus trabajos Tras el horizonte (1984), Los confines (1987), y Los vuelcos del corazón (1993), se ha impulsado por asociar sus procesos creativos dentro de un pálpito literario, surgiendo en un universo en el que sus personajes sufren y pagan sus culpas. En donde el desgarre de los protagonistas se abre a la perplejidad de las confusiones de la vida y las atenciones que resguardan la moralidad y la libertad como eternas enemigas. Situando su filmografía en el centro-este de la república mexicana, donde aquí como en muchos otros pueblos de raíces mestizas, abundan las costumbres en función del cristianismo y el marcado machismo que ha regido su cultura.



Basando su ópera prima en tres historias de Juan Rulfo, Los confines (1987) explota las necesidades humanas, en lo cruento de la muerte, el amor y el sometimiento moral para llegar a una sutil catarsis reclusa en el cuerpo y alma de una plegaria; toma como referentes a la novela de Rulfo Pedro Páramo y a los cuentos de El Llano en llamas “Diles que no me maten” y “Talpa”. Interpretada de la mano de actores como Ernesto Gómez Cruz, María Rojo y Manuel Ojeda.


“A veces tenía que salir a medianoche, como si me fueran correteando los perros. Eso duró toda la vida. No fue un año, ni dos. Fue toda la vida” (Rulfo, 2005, p.92). Los Confines (1987), relata de principio, la historia de Juvencio Nava, quien en busca de mejor pastura para su ganado entra en conflicto con Don Guadalupe Terreros, el cacique del pueblo, su compadre, a quien Juvencio decide retar hasta las más viles consecuencias por sus animales.


El filme construye su historia en función del trabajo fotográfico de Marco Antonio Ruiz, quien con anterioridad también filmó con Valdez sus primeros cortometrajes basados en obras del escritor jalisciense. Y roba el contraste duro del blanco y negro de la vieja gelatina platinada de Rulfo para transformarla en una nueva; en la que interceden, entre el silencio y los recuerdos las interpretaciones de un claro retrato de la misma fotografía del escritor, con paisajes solitarios y melancólicos. Rondando así la existencia del abandono en el que se encuentran las comunidades indígenas, en donde el sol y los murmullos queman a la gente en un silencio que ensordece y cautiva la mirada entre las tradiciones y la ignorancia.



“No sé para dónde; pero tendremos que seguir, porque aquí estamos muy cerca del remordimiento y el recuerdo de Tanilo.” (p.59) Donde el silencio es el martirio y la solución para el olvido, surge Talpa. Un testimonio de la culpa, de la moral hacia la mujer, la compasión por la muerte y el deseo. Dotada de una cinematografía ansiosa, emergente y similar a las historias de Paz Alicia García Diego y Arturo Ripstein en cintas como La viuda Negra (1977) o Las razones del corazón (2011), Talpa cuenta la historia de dos amantes, Natalia e Ignacio, de quienes su necesidad de “amar” surge por la ocasión y con una pena moral en medio, Tanilo, esposo de Natalia y a su vez hermano de Ignacio.


El segundo cortometraje de Los Confines (1987) nos permite cuestionarnos el sistema ideológico en el que una mujer se encuentra esclavizada a un hombre. Natalia ha de pertenecer a Tanilo, aún muerto, en cuerpo y mente antes de volver a pensar en pecar. Y después, la compasión o la desesperación por la que Tanilo fue llevado a morir a Talpa, donde surge una historia romántica y dolorosa entre los cómplices de un homicidio y la confusión tardía de sus sentimientos.



Talpa se asimila de igual forma al mediometraje de Mitl Valdez Tras el Horizonte (1984) que de igual modo cuenta una historia de Rulfo: El hombre. Y donde narran de manera precisa el crimen de un hombre que lo lleva a jugar el rol del perseguido y a su perseguidor, quien va tras él por la montaña en busca de hacer justicia por su propia cuenta al criminal.


“[...] Los muertos pesan más que los vivos. Lo aplastan a uno [...]” (p. 34), menciona atormentándose el perseguido mientras corre por la vereda. A Natalia e Ignacio también les pesó el cuerpo de Tanilo de camino a Talpa; así como a Juvencio Nava, el de su compadre. Tras el horizonte (1984), contado en primera persona desde la experiencia de cada uno de nuestros personajes en simultáneo, expone los antónimos que definen a una cultura conquistada, definida por la lucha entre los personajes contrarios. El abusador y la víctima. El valor y amor por la violencia. La violencia, recurrida por necesidad y por mor de la valentía al futuro, a la supervivencia. El temor a la desigualdad en entornos lejanos. La vida más allá de los cerros.


Finalmente, la obra de Valdez retoma el regreso de Juan Preciado, de la novela Pedro Páramo, quien sin saberlo, convive con los fantasmas y los suspiros atrapados en el tiempo que se hicieron de historias. La manera en la que éstas toman lugar de manera cabal y respetuosa a fin de su adaptación en una atmósfera campirana, denotan la realización formal que su director luchó por conseguir como sello personal. Brilla en el éxtasis que el escritor y poeta Octavio Paz utilizó para describir el estado de la mexicanidad a mitades del siglo XX en El Laberinto de la Soledad (1950) , que en la mayoría de sus veces, la cultura se le adelanta a la historia y la profetiza. Los confines, es una obra que grita en el reflejo de la crueldad del olvido a las comunidades rurales y las leyes de la supervivencia, tanto en físico como en el recuerdo dirigidas a la mexicanidad. Sin embargo, su principio también puede ser universal, destacando así por su nombre, en el que la obra toma lugar en los confines de algún pueblo de algún lugar, con alguna persona que sufre de algún acto y que finalmente, retrata los rostros perdidos en el tiempo con una mirada vacía de potente esperanza.




Bibliografía:

Rulfo, J, (2005). El llano en llamas. RM. México.

Rulfo, J, (2005). Pedro Páramo. RM. México. Paz, Octavio, (2019).

El laberinto de la Soledad, Posdata, Vuelta al laberinto de la Soledad. FCE. México.



 

 

Interlatencias Revista

agosto 2021

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