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Panquiaco, el descubridor de mares

Por: Isaac Terrazas Lases



“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Solo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre. Ella era agua, era río, laguna, quebrada y mar. Así, primero sólo estaba la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era Aluna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria. Así la madre existió sólo en Aluna, en el mundo más abajo, sola.”
-La creación según los Koguis.


Panquiaco narra la historia de Cebaldo, un indígena originario de la comarca de Guna Yala en el corazón de Panamá, que ahora trabaja en una pescadería, la añoranza por su lugar de origen, marca su vida y es el motor que lo impulsa a emprender un viaje.


Existe una fuerza que trasciende más allá de la memoria, que atraviesa fronteras incluso del tiempo y el espacio: El alma. Nuestro mortal cuerpo está condenado a permanecer en este plano, pero nuestra alma puede ir a cualquier lugar. Eso es lo que Panquiaco representa, una invitación a la introspección y al debate interno de todos los valores que solíamos dar por sentados.Nuestra memoria, nuestras creencias, la espiritualidad con la que vivimos y sobre todo nuestra conexión hacia lo que verdaderamente somos.


Palpitantes tambores, destellos rítmicos de color rojo y un grupo de mujeres profundamente conectadas por un ritual sagrado; son algunos de los elementos que dan vida a la secuencia inicial con la que Ana Elena Tejero nos da la bienvenida a Panquiaco, un viaje de auto descubrimiento que va mucho más allá de lo que podríamos imaginar.


Inmerso en el aturdimiento del caótico y bullicioso ambiente de una pescadería, conocemos al que será el estandarte principal de nuestro viaje: Cebaldo.


Un personaje marcado por la completa desconexión entre sus pensamientos y sus acciones lo cual funge como un indicador de la profunda alienación que atraviesa.


Cebaldo es un indígena proveniente de Panamá que ha dejado atrás sus orígenes en la comarca de Guna Yala, se ha alejado de todo aquello que antes solía darle sentido a su vida. Ahora forma parte de un trabajo en serie, en el que su único objetivo es descamar pescados, por lo que pasa sus días hundido en una profunda nostalgia por el lugar de su niñez y mientras su mente está absorta en pensamientos y flashbacks sobre su vida pasada; podemos apreciar contrastes en los diversos planos medios y generales, en donde cada recuerdo le otorga un valor único y especial a diversos elementos de la naturaleza: arboles, tierra, plantas, pero sobre todo, el mar.


—¿Te gusta comer escamas?—

La pregunta que choca abruptamente con los pensamientos de Cebaldo y con los nuestros, proviene de la parte trasera de la pescadería y es un indicativo de que debe prestar atención a su trabajo, lo cual recoloca a Cebaldo dentro de su realidad actual y confirma su añoranza por abandonarla.


La narrativa dentro de esta película intercala con la historia de Cebaldo, fragmentos de uno de los mitos indígenas más importantes y antiguos en la historia de Panamá. Mito que da el título a la misma: “Panquiaco” aquel indígena proveniente de Guna Yala que logro guiar a Vasco Núñez de Balboa (Colonizador Español) a descubrir el Mar del sur, actualmente conocido como Pacífico.


Los sentimientos de Cebaldo aun que son constantes la mayoría del tiempo, siempre están plagados por diversos matices, es por eso que los pasajes sonoros que van desde cantos a cappella y canciones de una rockola hasta completos silencios, nos ayudan a identificar los sentimientos centrales del mismo.


En una de las secuencias claves hacemos la transición de un plano medio dentro de un bar, a un primer plano de Cebaldo en donde poco a poco descubrimos que un hombre se acerca a él, rompiendo con el hasta ahora mostrado esquema de soledad absoluta.


Ese hombre comienza a contarle la historia de un náufrago que se pierde en una isla desierta y de como la tristeza se apodera de él cada vez que el recuerdo de su hogar lo invade: “Él empezó a soñar con un nuevo lugar, imagino los paisajes, luego las calles, los vecindarios, todo tipo de plantas y animales; Después empezó a visualizar personas y cuando despertó el hogar de su niñez se había vuelto un sueño para él”.


Es entonces cuando Panquiaco cambia visiblemente su discurso y lo que antes se auguraba por medio de pensamientos y flashbacks, se transforma en una completa y envolvente búsqueda de resurgimiento. Cebaldo regresa al lugar donde creció y gradualmente, comienza a descubrir que sin importar que el paso del tiempo no perdone nada, aún es posible reconectarse con cada una de las partes que había perdido; Cebaldo abraza su conexión con el mar, este ente inexplicable que funge como todas las cosas al mismo iempo. Panquiaco es capaz de transportarnos a un lugar donde puedes ser tocado por la naturaleza, es como si la naturaleza misma nos exigiera volver.

Los planos naturales son cautivadores y recrean atmosferas abiertas a la interpretación e imaginación, una combinación de secuencias que van desde acercamientos a los rituales sagrados, baños medicinales, la absorta contemplación del mar, remarcan en cada una de ellas, el poder que tiene la naturaleza sobre el ser humano y refleja no solo la transformación interna del personaje sino la del espectador.


¿Cómo es posible que nosotros seamos el lugar y el lugar sea nosotros al mismo tiempo?

Panquiaco concluye mostrándonos que la esencia de las personas que han habitado en cualquier parte, sigue existiendo y permanece, intacta. El agua pura y cristalina a la que Cebaldo se aferra, logra unificar aquello que creía perdido, durante este viaje confirma que todo lo que hay dentro de él, nunca va a desaparecer. Incluso si abandona el plano terrenal.


El homenaje que rinde Ana Elena Tejero a su país, a la comarca de Guna Yala, a los mitos, a las creencias indígenas y a la reivindicación del sentimiento de pertenencia, son elementos que se contrastan y enriquecen constantemente en esta película. Un mito ancestral, que presenta un discurso tan importante para la actualidad, un mito donde el agua representa a Cebaldo y su travesía, un mito en donde el agua tambien representa a Panquiaco, el descubridor de mares y es que al final de todo: “EL REFLEJO DEL ALMA HABITA EN EL AGUA”.






 

agosto 2021





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