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The iron giant: la revolución personal o Eres lo que decides ser

Crítica Interlatente de Sergio Valencia
 
The iron giant 1999


The iron giant (1999), dirigida por el animador Brad Bird, quien dirigió en Pixar The incredibles (2004) y su secuela, The incredibles 2 (2018), sin mencionar Ratatouille (2007), se originó con  una premisa intensa y de implicaciones profundas: ¿Qué pasaría si un arma tuviese alma y no  quisiera hacer daño? Si bien los relatos de ciencia ficción generalmente apuntan a una respuesta  terrible frente al hipotético what if sobre un robot con alma, The iron giant le da la vuelta a las  cosas y plasma la historia de un enorme hombre de metal que puede hablar, comer, sentir y  asombrarse, y que al entablar una relación con un niño que gusta de la aventura y la ciencia  ficción, descubre que uno es lo que decide ser y se convierte en buscador del bien. La película de Bird plantea reflexiones éticas radicales que desembocan en la mostración de lo que significa  llevar a cabo una revolución personal.1 


Hoggart Hughes, un niño que vive con su madre, queda intrigado por la asombrosa  historia de un marinero y se adentra en el bosque para descubrir un gigante de hierro. Las  autoridades no serán ajenas al extraño de metal, y el conflicto resultará de la empatía que Hoggart tiene por su amigo robot contraria a la intención gubernamental, en plena Guerra Fría,  de deshacerse de éste. 


Aun cuando en la época de su estreno la industria de la animación comenzaba a cambiar de forma drástica gracias a proyectos como Toy Story (1995), A bug’s life (1998) y Antz (1998), todos ellos filmes logrados mediante la técnica de la animación 3D, la animación tradicional o  2D era un medio que no dejaba de entregar cintas de gran calidad, tanto artística como narrativa; The iron giant cabe a la perfección entre éstas. Con un estilo de dibujo estilizado pero sutil y  elegante, escenas graciosas que no caen en la comedia sin sentido ni en el chiste forzado, una  banda sonora inmersiva y amable que oscila entre la música orquestal y el jazz, y una  construcción de personajes con profundidad y carácter creíbles, The iron giant se cuestiona sobre  nuestra dimensión ética: ¿cómo debemos actuar?, ¿qué dicen de nosotros nuestras acciones?, a la par que aborda temas profundos como la muerte, la libertad o la naturaleza del alma. Con una estructura narrativa digna de ser reconocida (en ningún momento se cae en el tedio o en la  paralización del avance de la historia), The iron giant incita a preguntar por nosotros mismos a  través de la metáfora de una máquina que puede destruir masivamente pero que también puede  proteger y salvar personas. El corazón del filme, así, es la capacidad de elección y a dónde ésta  nos lleva. 


En una escena, Hoggart le muestra algunas historietas al gigante, entre las que se  encuentra un número clásico de Action Cómics en el que figura Superman, y otro número donde el villano es, precisamente, un robot. A partir de entonces, el gigante comenzará a explorar el lado heroico que tiene frente a su lado armamentístico, destructivo. Junto con Hoggart, descubre  la calma del bosque y el cielo, la alegría de divertirse en un lago y hasta la belleza de contemplar a un venado. Esta última secuencia es impactante: luego de que el gigante, junto con Hoggart, se embelesa por el animal de astas —que no huye frente al dúo, sino que, por el contrario, permite  que un dedo de metal le acaricie—, un disparo acaba con la vida de éste. Cuando el gigante  intenta acariciarle de nuevo Hoggart le exclama que no lo haga y le explica que está muerto. Más tarde, bajo las estrellas, le dirá al respecto: «Es malo matar, pero no es malo morir». 


The iron giant 1999

En otra ocasión, Dean, un artista de chatarra que Hoggart conoce desde el inicio de la  cinta y que le ayudará a lo largo de la historia, observa que el gigante puede hacerle daño al  chico, luego de que éste le apunta con una pistola de juguete y el gigante, al tomarlo como  amenaza, entra en un lapsus de defensa que le lleva a disparar un rayo en su dirección. En cuanto  Dean quiere distanciar a Hoggart de su amigo de hierro, el gigante sale huyendo, aterrado de lo  que es capaz de hacer. 


El juego de contrastes entre la bondad que el gigante halla dentro de sí y los daños que  puede causar, contrastes que se muestran a lo largo de todo el largometraje, es el que precisamente nos lleva a afirmar que la cinta bien nos habla de una revolución personal. En sentido estricto, el término llevaría a la búsqueda por hacernos patente nuestro carácter personal, ese que excede definiciones, que se halla en tensión entre lo material y lo espiritual, el exterior y  el interior, ese que guarda en su núcleo la cualidad de misterio. Pero si hablamos aquí de  revolución de esta índole es más por el hecho de que, precisamente, el gigante lleva a cabo una  revolución consigo mismo, con lo que parece haber en su interior, y alcanza, así, una  transformación íntima, efectivamente personal. Generalmente, el término «revolución» nos hace  pensar en los grandes movimientos colectivos que llevan a cabo ciertas luchas, armadas o no,  con el fin de cambiar la realidad social en la que se encuentran. Sin embargo, si la palabra «revolución» se toma exclusivamente en ese sentido se pierde una de sus vías más fértiles: la del individuo concreto que encuentra vías para expandir sus horizontes propios y se enfrenta a sus  propias circunstancias para erguirse por encima de ellas. En otras palabras, la revolución  personal, esa que lleva a cabo quien confronta sus demonios, quien defiende sus ideales frente a la aparente pre-determinación de las situaciones en las que se encuentra, quien lucha consigo  mismo, quien decide en la adversidad íntima hacer frente al mal, resulta una revolución radical  que habríamos de tomar en cuenta también. 


The iron giant plantea los matices que guardamos dentro de nosotros mismos, la luz y la  oscuridad de nuestro interior, nuestra mortalidad y nuestra falibilidad, pero no se limita a un  mero ejercicio de observación. Al contrario, nos muestra una vía de resolución a las encrucijadas morales, nos deja ver que la revolución personal efectivamente es posible siempre a través de la  elección, que de hecho la elección misma puede ser la revolución personal. En medio de una  conversación, Dean le dice a Hoggart: «eres lo que decides ser». Más tarde, Hoggart compartirá estas palabras con el gigante y ellas serán la ruta que le llevarán a reparar en que pese a que puede herir y destruir, también puede ayudar, proteger, subsanar, en fin: decidir hacer el bien.  Particularmente en el ámbito de la ética, esta máxima abre frente a nosotros un camino no sólo a la responsabilidad plena —el responder por uno mismo— sino también al abrazo de nuestro ser  entero (acaso el sentido más propio de la revolución personal) y a un compromiso con nosotros  mismos y con los otros. 

Aunque generalmente suele tomarse a las películas animadas como películas «para  niños», muchas veces nos encontramos con cintas que refutan esa opinión por los temas que  exploran y el tratamiento que les dan. The iron giant es, sin lugar a dudas, de este tipo. Inspirado  para hacer la película en circunstancias sumamente difíciles, tanto personal como  profesionalmente, el largometraje de Brad Bird muestra la animación como medio y no tanto  como género cinematográfico; cargado de humor y de sarcasmo tanto como de aventura y reflexión, con una animación que incluso hoy se siente fresca y de ritmo agradable, nos lleva a  entrar en catarsis mientras pasamos un rato entretenido. A través de sus reflexiones éticas  radicales, The iron giant nos invita a hacer las paces con nosotros mismos y nos muestra que  siempre podemos elegir hacer el bien, nos muestra la manera de alcanzar una revolución  personal, concreta e individual (que no por ello deja de lado a los otros ni a lo otro); nos lleva, en  fin, a experimentar firmemente lo que implica y lo que verdaderamente significa decir: «eres lo  que decides ser». 


Las reflexiones que siguen guardan influencia de algunas ideas del personalismo filosófico de Emmanuel Mounier  que pueden encontrarse en El personalismo. Trad. Aída Asenson, et. al., Eudeba, 1972. 1



 
Sergio Valencia Santillán

Músico, periodista y estudiante de último año de filosofía en la  Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se ha especializado en los campos de la metafísica,  la estética y la ética. Desde 2017 comparte videoensayos en su canal de YouTube “MAN7RA”,  entre los cuales realiza análisis de películas con un abordaje filosófico. 


 

Interlatencias Revista

diciembre 2023



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