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Dos maneras de abordar la tormenta. 1976 y Argentina, 1985.

Ensayo Interlatente de Ramsés Guerrero
 



Flores secas, oxidando tu amor,

flores secas, olvidando el dolor.

Cargando luces en el mar.

Viví la masacre sin saber por qué.

Los tres - Flores secas.


En 2022 se produjeron dos películas que, valiéndose de diferentes argumentos, rescataron el terrorismo de Estado como tema principal de sus filmes. Me refiero a la obra de la directora Manuela Martelli Salamovich, 1976 y a la película Argentina, 1985 de Santiago Mitre. Películas que una vez terminadas lo dejan a uno con tantas preguntas, pero quizá uno de los cuestionamientos que más late en la mente como en el corazón: ¿Puede el cine ser una herramienta para la memoria?


Antes de entrar con las obras, vale la pena explicar el contexto. En el entorno político de la Guerra Fría (1946-1991), los conflictos entre el bloque capitalista y el bloque socialista lograron exportarse hasta las tierras latinoamericanas, creando tensiones y represiones violentas e inhumanas. Se vivían tiempos calientes, guerrilla en las sierras, guerrilla urbana, protestas y gobiernos que a la mínima sospecha de comunismo entre su juventud recurrían a la violencia. Los fenómenos más significativos en América Latina fueron: la represión estudiantil del 68 en México, el Golpe de Estado en Chile y la desaparición de simpatizantes de Allende, el Golpe de Estado en Argentina, sólo por mencionar algunos.


No es casualidad que todos estos sucesos de represión e intervención militar ocurrieran en el mismo espectro de tiempo (entre sesentas y setentas), obedecían a una estrategia sofisticada de intervencionismo norteamericano y denominada Operación Cóndor (Torres, 2019). Es en este desarrollo de la política en el que se gesta el terrorismo de Estado, o sea, este fenómeno de persecusión comandada desde el gobierno -casi siempre gobiernos con estructuras militares- que buscaba reprimir cualquier idea que simpatizara con posiciones de izquierda, de libertad sexual o contracultura y los medios de represión iban desde las amenazas, hasta la desaparición. Basta de historia, no es mi intención aburrirles, pero era necesaria esta explicación.


En este contexto se desarrolla 1976, en un clima posterior al golpe de Estado en Chile y con Pinochet gobernando. El filme nos cuenta la historia de Carmen, ama de casa, con una posición económica favorable, esposa de un médico en funciones y con un cargo en un hospital público en proceso de limpieza ideológica. En apariencia, Carmen es una mujer madura que vive las comodidades de la burguesía protegida por un gobierno militar. Su vida da un tremendo vuelco cuando en su casa de veraneo acude el sacerdote de cabecera para pedirle un pequeño favor, que con sus conocimientos de enfermería y su mayor posibilidad para conseguir antibiótico le ayude curando a un muchacho herido que tiene escondido en la iglesia. Carmen acepta a regañadientes y va conociendo al muchacho hasta que se da cuenta que ha estado curando a un perseguido político. En el proceso de curaciones genera empatía hacia el herido, que es el tropo perfecto del hombre susceptible a detención de su época: cabello largo, barba ligera y el aspecto de alguien a quien le encanta la música sediciosa rockeros despeinados.


Este planteamiento se va desdoblando conforme el filme avanza, Carmen se va inmiscuyendo más en el problema central y comienza a cuestionarse el mundo fuera de su burbuja de mujer privilegiada. La protagonista, casi sin darse cuenta, se convierte en informante del submundo de la revolución, adquiere el mote de Cleo, pero limita su actuación en la causa sólo al intento de que su joven amigo salga de la iglesia sano y salvo. A la par, Carmen remodela su casa, vive su vida de con una ética de mujer de hogar y disfraza sus escapes de casa como viajes de caridad a la iglesia para lectura en voz alta para los ciegos. La actuación de Aline Kuppenheim es muy buena, puede percibirse la tensión en los ánimos de Carmen, su fatiga y el dilema moral por el que atraviesa.


Es una película que logra expresar de maravilla la angustia de los perseguidos. Autos negros que siguen a Carmen, rostros con miradas inquisitivas, intervención de llamadas, situaciones que conducen a un inexorable estrés. Los fotogramas finales contrastan a la antigua Carmen que carga un pastel, mujer de familia burguesa con una cancioncilla de cumpleaños fuera de campo, las lágrimas le brotan de pronto y resbalan sobre su rostro, el rostro de esa nueva Carmen, la que se dio cuenta que el autoritarismo no perdona.


La directora hace un retrato finísimo de la sociedad chilena de la época: los machismos del esposo de Carmen que siempre adereza sus comentarios con un castrante “tontita”, un sector burgués que aplaude las medidas de represión del dictador, un sector popular que tiene miedo a denunciar pero saben que no está bien hallar cadáveres en el mar y la construcción de una Carmen que comienza a sentir la paranoia del perseguido político. El guión es de Martelli y de Alejandra Moffat, tiene tintes de cine policíaco con un ritmo in crescendo. El trabajo de María Portugal en la música es espléndido, crea auténticas atmósferas de tensión que juegan con la iluminación en las escenas, la banda sonora recuerda

al estilo electrónico del moog de los años setenta. El trabajo de fotografía (Yarará Rodríguez) y de ambientación es impecable.


Otra anotación que quiero hacer de esta película, es que su realización está a cargo de un grueso grupo de mujeres. El guión, la producción, la fotografía, la música. Yo estoy seguro que estas perspectivas enriquecen mucho el modo en el que se interpreta la realidad histórica dentro de un filme y le dan veracidad a la construcción de un personaje femenino con problemas éticos reales.


Con Argentina, 1985 voy a comenzar por el final. Los créditos que se muestran en la pantalla, fotos de los personajes, acompañado todo de la voz de Charly García interpretando Inconsciente Colectivo. Como espectador eso acaba rompiéndote. Jorge Rafael Videla deja de gobernar la Argentina en 1981 y figurémonos que mientras salía dejaba caer gotitas de sangre que luego se convirtieron en un océano que de tan copioso y rojizo se hizo negro, su paso por el poder fue sinónimo de represión y masacre. En 1985, en el seno de la presidencia de Alfonsín, surge la propuesta de que se formule un juicio en contra de Videla y de la Junta Militar por todos los atropellos cometidos posteriormente al golpe de Estado y durante la regencia del país. La película se desarrolla en ese contexto. Nos cuenta la historia de Julio Strassera, que un buen día es notificado como el nuevo fiscal del caso contra Videla y su séquito.


Strassera trata de negarse al cargo, pero a través de diversos medios le dan a entender que no tiene opción. Acepta el cargo con mucho pesar y cuando trata de armar un equipo estratégico para dar la mejor batalla legal posible, se percata que no tiene aliados, sólo abogados temerosos o fachos de closet que lamentan la salida de Videla. Atado de manos y con la sensación de estar inerme llega a su lado Moreno Ocampo, su fiscal ayudante, sin experiencia práctica y con una familia de tradición castrense. El protagonista denosta a Ocampo, pero poco a poco tiene que aceptar que aunque su ayudante no es el más ducho, tiene ímpetu y un interés noble. Se recurre al recurso de la dupla que tiene un amor-odio, la fórmula del Quijote y el Sancho, Strassera y Moreno Ocampo.


Pero ni Strassera ni Ocampo pueden solos, se unen a su lucha jóvenes motivados por la búsqueda de la verdad. Hacen trabajo de campo, yendo a lugares recónditos de Argentina para conseguir testimonios; se hunden en el misterioso archivo para poder conectar casos; se dibuja una juventud deseosa de justicia. Se interpretó magnificamente la odisea legal y personal que significó iniciar un proceso en contra de un ex miembro de las Fuerzas Armadas y como la unión de un grupo de jóvenes y dos abogados que van aprendiendo a respetarse mutuamente y sobre la marcha, logra ser tan fuerte hasta el punto de obtener una sentencia más o menos favorable.


La película enfoca la represión desde otro tiempo: la posterioridad, el despertar después de la pesadilla. Es un largometraje que tiene tintes de drama judicial, pero con un estilo latinoamericano propio, no se trata de ningún modo del modelo de drama judicial norteamericano. La fotografía y el vestuario son muy buenos, salvo algunas tomas con CGI del palacio de justicia, pero fuera de esos pequeños detalles uno puede sentirse en los años 80´s. La selección de la banda sonora y los guiños que se hacen a bandas icónicas del Rock Nacional Argentino son exquisitos. Strassera es interpretado por el reconocido actor Ricardo Darín, por lo que esa interpretación tiene un sello de calidad incuestionable. El desarrollo del filme mantiene el interés del espectador y justo cuando se va a caer un poco el ritmo de la película, comienzan las emociones a flor de piel, comienzan los relatos de los casos de tortura, las desapariciones, las víctimas a las que se les da voz; la piel se eriza y la emoción es dual porque lo mismo atrapa que motiva al rechazo y a la tristeza.


A pesar de toda la buena construcción de la película, el gran atino del guión, elaborado por Mitre y Mariano Llinás, está en el alegato de clausura leído en sesión pública por el fiscal Strassera y que obedece a un alegato leído en la realidad y con una carga emotiva durísima. Condena al terrorismo de Estado, a la persecución, con los adjetivos: “feroz, clandestina y cobarde” para más tarde cerrar con la consigna “Nunca más”. Luego de leída la sentencia y con Videla y sus huestes declaradas culpables en sentencia posterior, inicia el estribillo con la voz de García: “Nace una flor, todos los días sale el sol. De vez en cuando escuchas aquella voz”. Al escribirlo, al recordarlo, se me eriza la piel.


Reflexiones finales

Regreso al cuestionamiento con el que comencé esta breve reflexión ¿Puede el cine ser una herramienta para la memoria? En las dos películas analizadas pudimos encontrar dos diferentes enfoques para abordar la gravedad de los regímenes militares y autoritarios del siglo XX, las derechas recalcitrantes. En estos dos lenguajes cinematográficos podemos hallar un mismo corazón que late, el corazón de Latinoamérica que reconoce su pasado y lo somete a la reconstrucción y la crítica por medio del cine. Claro que el cine puede ser memoria, pero no sólo memoria, sino reivindicación. En Argentina, 1985 puede ser un poco más evidente, el argumento tiene una fuerte carga de intención de buscar la verdad. No debemos ignorar 1976 que aborda la memoria de lo atemorizante desde la óptica de la mujer

burguesa, reconstruye la visión de una mujer que se percata que en el daño de lo colectivo se afecta irremediablemente lo individual.

Rescatables y disfrutables ambas películas. Proponen la discusión de las dictaduras en nuestro siglo y la importancia de la memoria como marca inherente a nuestra calidad de seres humanos. Pero también habría de interpretarse a la memoria y su proyección en el cine como una directriz que diga: ¡Nunca más!



 
Referencias

- Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Portal del Cine y el Audiovisual latinoamericano y caribeño (21 de mayo de 2023). Ficha técnica, 1976. http://cinelatinoamericano.org/ficha.aspx?cod=8304


- Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Portal del Cine y el Audiovisual latinoamericano y caribeño (21 de mayo de 2023). Ficha técnica, Argentina, 1985. http://cinelatinoamericano.org/ficha.aspx?cod=8344


- Torres, H. (2018). La Operación Cóndor y el terrorismo de Estado. Revista Eleuthera, 20, 114-134. DOI: 10.17151/eleu.2019.20.7.4


 
Ramsés Guerrero

Soy Ramsés Guerrero, tengo 23 años y me apasiona toda expresión artística. Soy jurista y estoy en proceso de ser historiador. Escribo narrativa desde los quince años, tengo algunos cuentos publicados en diversas revistas como Tierra Adentro, Pirocromo y Polisemia. También estoy convencido de que la labor literaria, artística y humanística, no está completa hasta que no se logre socializar el conocimiento adecuadamente. Lo humano es de todos. Mi ideal constante es la popularización del saber humano, más allá de categorías intelectuales o derechos individuales de autoría.


 

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julio 2023

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