Poemas
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Poesía Interlatente de David Pichardo

Cuerda
no intentes hacerle honor a tu nombre,
buscar sentirte amado por un dios benevolente,
no somos esos barrotes que limitan nuestras acciones
sino esas acciones las que rompen la prisión de lo dictado
no hay veracidad en ninguna promesa
porque todo acaba
incluyendo las voces que dijeron
tu nombre con desdén
o con recelo,
pero también con amor e interés genuino,
deja esa ilusión que dicta
que las cosas siempre encuentran su lugar
al final del tiempo,
enfócate en las pequeñas victorias:
no quedarte en cama,
dar los buenos días,
regar tus plantas
usa tu libertad sabiamente,
de cada camino
podemos tomar aprendizajes:
si ganaste, regocíjate
si perdiste, aprende
el azul de las profundidades
es hermoso, pero no deja de ser asfixiante
prefiere tu vida por sobre la belleza homicida;
de qué sirve ese hábito autodestructivo
si al final mueres sin haber amado,
el exceso brilla
pero es una incandescencia artificiosa
que carece de toda calidez
sé que la mesura se siente como una soga en el cuello
pero gracias a tu yo del pasado
que se preocupó por ti
estás aquí hoy
un día más
escribiendo
sabemos que cada palabra
cada minuto que usas para escribir se siente distinto
como algo mucho más ligero
piensa en el trabajo de mañana, mañana
las deudas no se van
pero tampoco la llama en tu pecho,
haz esto que enciende tu corazón,
cuida y déjate cuidar
porque tienes gente que te ama
la vulnerabilidad es una cuerda:
la usas para colgarte desde la ventana
o para subir en la espesura de este bosque oscuro
Contemplación de un animal marino
no es el canto
o la sonrisa
la longevidad de los pulmones
o su aliento, lo impecable
de aquello que respiras, las
burbujas de tu boca
que se mezclan con el agua
resbalando lentas
hacia las rugosidades
de tu vientre
no
la evocativa forma
con la que te muestras
ante el ojo alerta
la cautela de tu perfil bajo
a pesar de los colores
y las atrayentes y variadas formas
de tu cuerpo
no es el azul metálico
de tus bordes
en el alba
la adecuación milimétrica de tu piel
a la temperatura del ambiente
o el movimiento ondular
en tus instintos
cuando tienes hambre
cuando duermes
cuando callas
hay algo en la manía de verse en un espejo
para descubrir quién eres
y ser a la manera impuesta de los otros
que tú rechazas
no
no es esa mirada
¿qué es lo que del contorno
de tu cuerpo queda
en el brillo
que refleja sobre mi retina?
¿qué hay de ti
en esta sensación
que brota breve
y gota a gota baja desde mi garganta?
un manantial
es el instante donde nace el agua
tengo esa certeza
pero cuando te veo
no es lo que ya conozco
es otra cosa
Un ciervo herido es la ternura
un ciervo herido es la ternura
yace en la hierba
inquieto
forzando su respiro
su pelaje hirsuto
manchado
por lo improvisado del escape
creía eso antes
que no existía lugar seguro para (que)darse
que así como ese ciervo
también era la confianza
así de amenazada por todo lo que le rodea
hasta que encontré la suavidad de tu cariño
o me encontraste
tu amor
una declaración de ese refugio de lavandas
donde lamerse las heridas
tu voz esa distancia
proveedora de un panorama distinto
más completo
el mismo ciervo en su reposo
la piel hirsuta con su extensa gama de colores
te amo porque vas dejando lo que crees que eres
con tus pasos sobre la hojarasca
para conocerte de nuevo
y reconocer la nueva forma de lo que deseas
te admiro porque me enseñaste a comprender mejor
las contradicciones que me atan al pasado
y observarlas
como un puente
con el que unifico las nuevas
y variadas formas
que voy tomando
que construí para entender todo el conjunto de ellas
en su multiplicidad interminable
dijiste que el dolor también es una ofrenda
un poema
para decirle al mundo
mira
estamos juntos en esto
soy a tu dolor lo que tu fragilidad a la mía
y nos reconocemos
entonces mi amor se levantó de nuevo y ahora es más ligero
al fin encontré el lugar donde yace el agradecimiento
lo busqué sin tener éxito durante mucho tiempo
pero su escondite se obtiene pacientemente
con la ayuda de lo que has amado
es un ciervo libre la ternura
respirando
Merapi
eres bendecido
mirador eterno de lo alto
ojo de fuego fijo siempre
hacia lo que todos buscamos
cristo rojo redentor de lava
Dewa menciptakan api
habitamos
no obstante tan abajo
en la penumbra
que son pocos los oídos
que reciben los mensajes
de la naturaleza
tu luz es
agua y fuego donde
vida y muerte
coquetean en eterna caída
oh benditas cascadas luminosas
nunca me sentí valioso para mí mismo
lava color pelaje
sol, marea, granada
tiempo
cuando la tierra tiemble
los árboles se quiebren
y ningún ave aparezca
ni ningún cielo me salve
diré tus alabanzas
llenaré tu nombre de todos los significados
en todos los idiomas
inmenso
retentissant
pesante
gellend
sturdy
tumultuoso
kebakaran
final y comienzo
hasta que estalles
caiga sobre mí el peso de tu ardiente ira
y me libere
como al carbón libera la presión
de más de 60000 atmósferas
y lo vuelve algo precioso
David Gutiérrez Pichardo (Nezahualcóyotl, 1999). Egresado de las licenciaturas en Lengua y Literatura Modernas Francesas y en Pedagogía. Editor de la revista de cine y literatura Interlatencias y de la revista de poesía juvenil Del Pantano. Ha publicado textos en Estrépito, Iguales, Cisterna, Granuja, Cardenal, Áspera, Digopalabra, Página Salmón, Periódico Poético y Punto de Partida. Participó en el XI Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea. Escribe porque cree que las ideas mueven al mundo.

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