The Pitt, el fandom y la mediatización
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Opinión Interlatente de Aurea Gao

Yo siempre me he considerado una fangirl en todo el sentido de la palabra, o sea, si Instagram me permitiera poner “fangirl” como empleo, ya lo habría puesto. Esto es porque yo no puedo no relacionarme de forma casual con lo que me gusta; es más, soy el tipo de persona que deja que cualquier serie, película, artista, libro o forma de media que consuma se convierta en su personalidad, al menos durante los siguientes seis meses, hasta que algo nuevo llegue y el ciclo se repita. Es por eso que, en un periodo de un año, puedo ser la más obsesionada con el Wolfstar (Harry Potter), pasar a obsesionarme con Jesús (porque vi The Chosen, sí está buena, se los juro) y hasta pensar en que a lo mejor mi vida sería diferente si hubiera estudiado medicina porque, claro, estoy viendo The Pitt.
Para quien no lo sepa, The Pitt es una serie de drama médico de 2025, producida por HBO MAX (o como sea que se llame la plataforma en estos momentos), que sigue la vida del doctor Michael “Robby” Robinavitch. Él es el médico principal del departamento de urgencias en el Pittsburgh Trauma Medical Center, the Pitt (que también significa “la fosa”), y cada temporada consta de quince capítulos en los que cada uno representa una hora de un único turno. El formato es bastante particular, pero es impresionante lo mucho que puedes conocer y querer a los personajes cuando sólo los ves por un día de sus vidas en un lugar tan desafiante como lo puede ser la fosa del Pitt. La serie es tan buena que el año pasado se llevó no-sé-cuántos-mil premios en los Emmy y se jacta de ser la serie médica más precisa de la historia.
Ahora, como ya aclaré, yo soy fangirl hecha y derecha, y esto me ha llevado a observar y relacionarme con el fandom de The Pitt, o sea, la comunidad online que se creó a partir del show en Twitter, TikTok e incluso AO3. No sé si pueda decir que es un fandom polarizado, porque personas de muchas edades ven la serie —en mi casa, por ejemplo, la vemos mi papá de cincuenta y seis, mi hermano de veintidós y yo de veintisiete—, pero sí he notado un par de cosillas que me han llamado la atención.
Primero, hay gente que shippea (o sea, que apoya ciertas parejas (ship) que pueden ser reales o no dentro del universo del show). Hay gente que se opone completamente a esto, hay gente que te acusa de no ver el show de cierta forma, hay gente que no participa activamente en las conversaciones, hay gente muy crítica, hay gente que no cuestiona, hay de todo, y en buena medida. El problema empieza cuando esa comunidad comienza a ser invadida por medios de comunicación que usan y ridiculizan al fandom como una forma de crear reacciones en los actores para tener clics y vistas en los videos. Por ejemplo, en una entrevista hecha por Buzzfeed UK, el entrevistador les muestra a Noah Wyle (Dr. Robby) y a Katherine LaNasa (enfermera Dana Evans) fanarts (dibujos hechos POR fans PARA fans) de un ship. ¿Por qué? Para obtener reacciones y vistas, obviamente, porque la conversación y exposición no aportaron nada al lore de la serie. No conocimos más a los personajes, ni el rumbo de la serie, y simplemente expusieron algo creado por fans, SIN pedirle permiso al autor que lo creó. Ha habido entrevistas también en las que se les pregunta a Taylor Dearden y Patrick Ball (Dra. Mel King y Dr. Langdon) qué piensan del ship en el que los fans ven a sus personajes. La respuesta de ellos es mayormente evasiva, pero oh, boy, la controversia que generan estas interacciones tanto en las shippers como en lxs no-shippers es impresionante. Y honestamente, al final del día, es una forma de invadir un espacio que no les pertenece, porque sí, son los actores, pero no consumen ni se relacionan con el producto de la misma forma en la que lo hacen los fans.
Gracias al fandom de The Pitt, he aprendido un par de cosas. Leyendo a una chica llamada Emmy, me enteré de que hay un artículo muy interesante llamado “Fandom as Pathology: The Consequences of Characterization”, escrito por Joli Jensen en 1992, si no mal recuerdo, donde explica cómo quienes no son fans se ponen en una posición de desdén y superioridad frente a quienes sí lo son. Es decir, se crea una “otredad”. Lo que “ellos” —el fandom— hacen es raro, es malo, es extraño, no debería pasar, mientras que lo que “nosotros” hacemos es aceptable, es mejor, es superior, porque “nosotros” sí sabemos separar la realidad de lo que no es. Este artículo incluso se centra en la idea de que lxs no-fans pueden llegar a ver a los fans como “seguidores de culto”, como personas solitarias, excesivas, con comportamientos que rozan la locura, y como “nosotros” no somos esas personas con mentes frágiles, que pueden colapsar en cualquier momento y ser destructivas. El artículo concluye diciendo que en realidad, el fandom no debería ser tratado como una patología, sino como una forma de entender cómo nos relacionamos, no sólo con lo que consumimos, sino entre nosotros. Un fan no debería ser señalado por el cómo se relaciona con lo que consume, sino observado por lo que cree, desea, anhela, admira, celebra, envidia, protege y, sobre todo, por el cómo se relaciona con otros. Porque al final del día, el fandom es esa respuesta a cómo nos relacionamos, unidos por determinado producto, y cómo eso podría ayudarnos a pensar mejor en lo que significa ser humano y estar vivo actualmente.
Otra cosa que aprendí es que generalmente este juicio y esta superioridad se demuestran más en comunidades que en su mayoría son mujeres o disidencias. La cantidad de personas que he visto burlándose de las fans de Taylor Swift o de One Direction o de BTS es impresionante, mientras que a los fans de equipos deportivos se les aplaude, se les trata como “seguidores devotos o apasionados” y que no importa que rompan paredes o la televisión si su equipo pierde, o dejen basura cuando celebran, no, eso es válido, pero hacer friendship bracelets y llevar outfits a los conciertos que se parezcan al del artista es considerado como “culto”. Pero bueno…
Por último, y creo que lo más importante para mí, porque fue lo que me llevó a hacer este artículo, es que en los últimos días ha habido una tendencia en los medios —y no sé si es particularmente con The Pitt— en donde publican artículos en los que se burlan de los fans y los ridiculizan y son condescendientes. Por ejemplo, Patrick Ball publicó en sus historias de Instagram un artículo de Betches —que ya fue eliminado— profundamente despectivo con los fans, porque de “calientes” y “psicóticos” no nos bajaba, y que incluso decía que el show es completamente aromántico y que justamente por eso no entendía lo de las ships, y que lo veíamos con los ojos cerrados y así. A mí me dio algo porque ¿acaso me estás diciendo que el show es mejor que otros porque no muestra “amor”? ¿El amor es algo inferior? ¿El amor sólo tiene que ser sexual y romántico para ser considerado como tal? ¿La amistad no es una forma de amor? ¿Cuidar no es amar? Uno creería que el artículo decía eso porque el fandom estaba actuando de “forma irracional”, cuando la realidad es que se dijo porque shippeamos a Langdon y Mel. Lo más gracioso es que se le dio tanta visibilidad a ese aspecto en particular, porque los medios no dejaban de invadir el fandom, y constantemente les preguntaban a los actores sobre el ship, y les mostraban fanarts, y sacaban temas como los edits o los fanfics cuando ningún fan coherente —porque se crea o no, quienes estamos en los fandoms conocemos y sabemos que hay etiqueta— lo había hecho antes. Nunca había escuchado lo de separar la iglesia del Estado en un fandom, pero por primera vez lo entendí.
También ha habido un aumento constante en artículos como que los fans “estamos viendo de forma incorrecta” el show. ¡Uy!, para empezar, yo no sabía que había formas correctas o incorrectas de ver algo. Entiendo que hay perspectivas u opiniones más alineadas con lo que los escritores, directores y actores establecen, pero de ahí a decir que la forma en la que alguien se relaciona con el producto es “errónea”, me parece arbitrario,.
O sea, salió un artículo que se llama “Los fans de “The Pitt” están demostrando que sí es posible ver un show de forma incorrecta”, y esto viene porque pues los fans supuestamente estamos viendo cosas y pistas donde no hay porque el show no es “Lost”, y porque cuestionamos y estamos molestos por la salida de Supriya Ganesh (goodbye, Dr. Mohan, you’re the greatest thing I’ve ever lost) y que no entendemos que es por el arco argumental del personaje ni el contexto de la serie.
La realidad es que esta molestia viene desde una preocupación más amplia, y es que a lo largo de las temporadas, las mujeres de color están siendo excluidas de la serie. En la primera temporada teníamos a la Dra. Heather Collins, a la trabajadora social Kiara Alfaro y a la directora del hospital, Gloria Underwood, todas interpretadas por mujeres de color. En esta segunda temporada ya no aparecieron… Ahora, Supriya Ganesh es de origen indio, esta segunda temporada su personaje fue completamente reducido a lo que era antes (esto puede ser una opinión personal) y tratado como la bolsa de boxeo de Robby; luego nos dicen que para la tercera temporada no va a estar porque su arco ya terminó ahí porque The Pitt es un hospital de enseñanza; pero va a estar la Dra. Ellis, que igual es una mujer de color, como si la serie no pudiera tener más mujeres de color en un mismo cast, o como si ellas fueran intercambiables. Alguna vez vi una frase de Ian Fleming que decía “uno es coincidencia, dos es casualidad, pero tres es un patrón”, y pues ya son cuatro mujeres de color a las que van sacando de la serie, así que no sé, yo sí creo que esa decisión merece ser cuestionada y no debería descartarse como una reacción exagerada o una mala interpretación.
Y es que existe una contradicción en cómo los medios se relacionan con el fandom. Por un lado, dependen de él: utilizan sus teorías, sus conversaciones y hasta sus creaciones como contenido, pero luego lo sacan de contexto, lo simplifican, lo exponen y lo ridiculizan. ¿Me estás diciendo que entonces el fandom sólo es útil cuando produce engagement, pero desechable cuando sus interpretaciones resultan incómodas o no se alinean con lo esperado? ¿No es esto muy paternalista? Y lo digo porque en lugar de reconocer al fandom como un espacio de análisis, conversación y creación, se nos trata como personas que necesitan ser guiadas, corregidas o desacreditadas porque nuestras lecturas “son incorrectas”.
Yo, personalmente, creo que sugerir que los fans están viendo algo de forma errada simplemente porque hacen preguntas, notan patrones o se forman opiniones es reduccionista. Es que yo no creo que el hecho de que algo te guste tanto y luego te lleve a pensar, teorizar o cuestionar no significa que no lo entiendas, sino que es una forma de participar activamente con la obra. Es más, yo sí creo que aceptar todo sin cuestionarlo demuestra menos pensamiento crítico, no más.
Al final del día, yo no creo que exista una forma correcta o incorrecta de relacionarse con lo que ves o escuchas. Tampoco creo que el problema sea cómo el fandom se vincula con la serie, sino cómo los medios deciden interpretar esa relación. Y es que el fandom no es sólo un espacio de emoción o entretenimiento, sino un lugar donde las historias continúan. Es ahí donde las personas encuentran a otros que sienten lo mismo, donde validan sus interpretaciones y donde aprenden a ver más allá de lo evidente. A través de la conversación, el fandom no solo reacciona a lo que ve, sino que lo analiza, lo cuestiona y lo expande, ya sea con artículos, fanfics, fanarts, edits en TikTok o hablando de él. Y ese proceso no sólo enriquece la experiencia de quienes participan en él, sino que también beneficia al producto. El hecho de que una serie siga siendo discutida e interpretada incluso cuando no está al aire demuestra que está generando un nivel de conexión que va más allá del consumo pasivo. Esa continuidad es lo que mantiene viva la conversación, fortalece su relevancia y, en muchos casos, sostiene su éxito.
Convertir esa participación en algo ridículo o “incorrecto” no sólo es condescendiente, sino también una forma de evitar conversaciones más incómodas, como las que surgen cuando se señalan ciertas situaciones dentro de la serie. Cuestionar, interpretar e incluso incomodar no es “no entender”; es precisamente lo que mantiene vivas las historias. Quizás mejor habría que preguntarnos por qué ciertas lecturas resultan tan incómodas para quienes insisten en desestimarlas, porque ignorarlas o reducirlas no sólo limita la conversación, sino que también refleja una falta de disposición para escuchar perspectivas diferentes.
Aurea Gao. CDMX, 1999. Nacida para ser fangirl, forzada a parecer normal en trabajos burocráticos.
