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Todo para los poetas

Poesía Interlatente de Ian García
 

Todo para los poetas, amigo mío.

La gloria sin cuento y nuestra memoria.

Las risas de las adolescentes enamoradas,

el estupor erudito

de los académicos

y los mejores años de los críticos.


El respeto

de los condenados a muerte.


Las horas insomnes de los presos

y de los niños.


Esa cosa que llamamos inmortalidad:

el cielo de nubes pintado

por una mano genial a punto de las lágrimas

y las últimas palabras

de un hombre bondadoso.


Todo para los poetas, compañero.

La rosa que florece sin porqué

cuando la esperanza se ha terminado.

Los cantos enfebrecidos del ruiseñor

en un rincón insospechado del jardín

y una postal enviada desde el país ausente

de los dioses de piedra y los eunucos.


Y los suspiros del torpe novelista

que en madrugadas de trabajo

ha soñado con alguna vez alcanzar el hondo sentido de las palabras

arrancadas a la noche,

con algún día rasguñar siquiera su superficie,

su capa fina de exterioridad,

de máscara sobre las cosas echada,

sobre las cosas ocultando el rostro,

la figura y su llanto.


Todo para los poetas,

mi hermano y mi confidente.

La cruz, el suspiro y la carne.

Las olas del océano imponente,

sus aguas profundas —secretas—,

y la barca del viaje y nuestro mapa

perdiéndonos siempre en otros cuerpos.


Y también la llegada, la mujer y el testigo.

Sus alegrías encendidas —humanas—,

las ciudades —finalmente—, y sus torres

históricas, sus mezquitas y el desierto

que surcaron los niños de la Cruzada.

Las pirámides, las dunas, esa selva

de los sacrificios al sol y a la lluvia. La casa.


Todo para los poetas. Especialmente

los amantes en la buhardilla parisina

y su sombra sobre la ventana recortada,

como la silueta primigenia de los animales

pintada a pulso sobre las paredes de la caverna.


La música de fondo que exhalarían los altavoces

en un volumen bajo que no despertara a los vecinos.


De pronto, el hipotético beso,

los miles de besos conjeturales;

y en sus cabezas, arriba,

los aviones de combate

que supervisaran el corazón de Europa.


¿Por qué demonios, amor,

hemos consentido la sangre?, preguntarían.

Esculapio tiene la respuesta.


¡Todo para los poetas! Excepto

la fama, la riqueza y la vida.

Para ellos el Parnaso,

las alegorías,

el abismo,

los pozos,

y caminar arrastrándose por los callejones,

esculpir en la basura, dormir

en un jergón de lana, retorciéndose

de alegría, con un desfile de sueños dantescos

entorpeciéndoles las sonrisas,

enloqueciéndolos de certezas.


Y los hospitales y los funerales,

esas fiestas

en donde los invitados danzan sobre las tumbas

de las que emana una voz.

Esa voz.


¿Escuchas?


Todo para los poetas, compatriota.

Todo, salvo la tierra,

los países y las familias. A los poetas:

el exilio, la habitación de hotel,

el revólver,

unos ojos extraños —amigables—,

escrutando sus propios ojos

en los inviernos inmortales de Moscú.


Para los poetas, el adagio y los susurros.

El espléndido sentimiento

de rezar sin rezar

a un dios que no responde.

Religiosamente rogar a las palabras,

a su contenido mudable,

permanecer un instante de bondad

y de beatitud.


Para los poetas, el asombro,

su perenne sensación de extranjería.

Seres extraños en una ciudad de gente noble.

De gente innoble.

De gente que es gente como ellos.


Para los poetas la gravedad de las palabras.

Su cadencia.

Su precisión ¡y su filantropía!


Que el poema sea como el beso,

como el abrazo sentido,

como el quejido que soltamos

cuando un amigo nos cuenta que ha muerto su padre

presa del ahogo,

del bombardeo y de las balas,

y nosotros

no sabemos qué decir.



 
Ian García

(Distrito Federal, 1997)

Es poeta, narrador y ensayista. Vive en Cracovia, Polonia, donde enseña español para extranjeros. Ha publicado poemas y cuentos en variadas revistas literarias y antologías de México y España: Cuatro versos (Monterrey, 2017), Autor/La nueva

generación de escritores hispanohablantes (Madrid, 2018), Polen (Guanajuato, 2020), y Los demonios y los días (Guanajuato, 2022).

Instagram: @iangarciasan

 

Interlatencias Revista

julio 2023

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